Traicionando a quien más se lo merece

domingo, 11 de mayo de 2008

De res publica

No puedo evitar de vez en cuando mirar los muros de la patria mía (la patria chica, me refiero ahora), y ver cómo casas, espacios y propiedades que en un tiempo fueron orgullo y envidia de sus poseedores, ahora han acabado en manos municipales o autonómicas. Últimamente, en mi pueblo, el ayuntamiento o la generalidad se han dedicado, por unos u otros métodos y siempre amparados en el bien común, en apoderarse para sí casas, terrenos o propiedades inicialmente particulares y ahora, conculcando los derechos de la minoría con la promesa de justicia para la mayoría, han pasado a manos públicas.
Permítanme dudar de la buena intención, ya que conozco a los políticos españoles desde hace siglos. Pero también permítanme dolerme de cómo es esfuerzo, a veces propio y a veces tirano o mercenario, de antepasados nuestros ahora acaba en manos de cuatreros modernos; la titularidad pública de una propiedad garantiza que nadie público la va a disfrutar, que pasa al coto de caza privado de políticos y estirachaquetas para sus fiestas, actos y saraos, para su particular disfrute. Mientras, los titulares legales y morales, el público en general, tiene vedado su disfrute y su uso.
Cada vez que un palacio pasa a manos públicas, o un parque natural o unos terrenos, nos están engañando: dejan de ser menos nuestros para ser más de ellos, menos públicos y más corruptos. Esta tiranía de las mayorías sobre las minorías son engañosas porque, cuando lo necesitan, saben definir la minoría y la mayoría que les conviene para cada caso.
Ya lo decía Pessoa: “El tajo es más bello que el río que corre por mi aldea / pero el Tajo no es más bello que el río que corre por mi aldea / porque el Tajo no es el río que corre por mi aldea / El Tajo tiene grandes navíos / viene de España y entra en la mar en Portugal / todo el mundo sabe eso/ mas pocos saben algo del río de mi aldea / de donde viene y adónde va / por eso, porque es más grande y libre el río de mi aldea / Por el Tajo se va al mundo / nadie nunca pensó a qué se va por el río de mi aldea / el río de mi aldea no hace pensar en nada / quien está a sus piés solo está a sus piés”.

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